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Problemas entre estudiantes y caseros

Después de sufrir un verdadero quebradero de cabeza buscando un piso dónde poder vivir durante el curso académico y que se asemeje a un hogar, los estudiantes se topan con multitud de problemas que comienzan en ese momento.

Un mueble roto, el calentador no funciona, falta de luz, falta de enseres, inquilinos inesperados..., forman parte de la larga lista de inconvenientes que nos podemos encontrar al alquilar un piso económico y que se adapte a nuestras necesidades como estudiantes.

Al surgir estos problemas debemos y tenemos que acudir al propietario de la casa para que les ponga solución. Los conflictos con los propietarios son más habituales de lo que pensamos porque muchos estudiantes desconocen sus derechos y obligaciones a la hora de alquilar un piso, y muchos propietarios lo saben. Con ello no diremos que los estudiantes somos santos con aureolas encima de la cabeza, porque las desavenencias pueden surgir de los dos bandos.

El dar “gato por liebre” es uno de los problemas más usuales. El “casero” pone sobre la mesa sus exigencias sobre el cuidado, habitabilidad y pago de la mensualidad del piso en el que se alojarán los estudiantes, aunque en muchas ocasiones se omiten datos con los que el dueño del piso se puede beneficiar gracias a la falta de conocimiento de los estudiantes sobre los mismos.

Es el caso de un estudiante de la Universidad de Granada, que tras pagar la fianza del piso que iba a alquilar, se encontró con que algunos de los electrodomésticos de la cocina no funcionaban y el casero se negó a arreglarlos o sustituirlos por unos nuevos ya que eran muy antiguos. Al no tener un contrato por escrito, ya que realizaron todo el proceso de alquiler verbalmente, el estudiante no pudo exigir nada y al mes desocupó la vivienda.

Lo más recomendable y fiable en este tipo de adquisiciones temporales, es realizar un contrato escrito entre las partes implicadas y llegar a un acuerdo sobre todas las puntualizaciones que se redacten en él.

En caso, de que no se haya realizado un contrato escrito o que por el contrario se haya firmado pero no se cumplieran las condiciones, tanto por parte del dueño del piso como de los estudiantes, lo más rápido es llegar a un acuerdo y formalizarlo verbalmente. Si con esto, no llegáramos a nada, tendríamos que acudir a una tercera persona que nos asesorase y nos informara de las vías judiciales y de las leyes a las que nos podemos acoger, reclamando las cantidades de dinero pertinentes hasta la finalización del contrato. El gran inconveniente es la lentitud en los procesos judiciales, y que en muchos casos deriva en que “el remedio es peor que la enfermedad”.

Acudir a organizaciones de consumidores también es una manera gratuita y fiable de solucionar los problemas que puedan surgir al alquilar un piso, allí nos informarán de los pasos a seguir en estos casos.

No nos podemos dejar engañar, las cosas saldrán mejor si no nos conformamos con las palabras de cualquier individuo. Tampoco debemos dejar que se nos cree la fama de irresponsables por culpa de un colectivo de jóvenes que no sabe convivir y desconocen la palabra respeto, de hecho en muchos pisos de alquiler ya no admiten a estudiantes. Todo queda en el conocimiento de causa de cada uno.

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